AFORISMOS
Hay momentos del día en que las imágenes mandan. Todo se deja ver: el volumen compacto del almiar y el amarillento descaro de la colza. Hay momentos del día en que los sonidos imperan. Todo se deja oír: el golpeteo de las gotas en los tejados de pizarra y el rebuzno de los asnos inquietos. Hay momentos del día en que los aromas prevalecen. Todo se deja oler: las hogazas que guarda el panadero y la miera de los pinos inofensivos. Tan solo cuando estoy aquí, meditando, mis sentidos se apagan, durante unos minutos, como una cámara de vacío en un planeta inerte.
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Me gusta la gente banal que escribe poemas extraordinarios y los días triviales en los que suceden cosas inusitadas. Me gustan esos ojos diáfanos en una cara corriente y ese olor exquisito que sale de una flor de escasa hermosura. Extrañezas así demuestran que el primor no es patrimonio exclusivo de los escogidos por los dioses.




























